Publicado 25/09/2026 08:28

Abren en Cereso oasis espiritual

MONTERREY, 25 Sep. (Daniel Santiago Cruz, AGENCIA REFORMA)

Un lugar espiritual y religioso a la altura de lo que las personas privadas de su libertad en un penal necesitan es lo que la Arquidiócesis de Monterrey busca con el nuevo templo parroquial de San Pedro y San Pablo, que ayer consagró en el CERESO 1 Apodaca.

Desde esta nueva iglesia la pastoral penitenciaria cumplirá su función de dar refugio espiritual y sacramentos a quienes dentro del Penal tienen el deseo de que su reinserción social sea una transformación desde el interior.

La consagración estuvo cargo del Nuncio Apostólico en México Joseph Spiteri, a quien el Arzobispo de Monterrey Rogelio Cabrera López invitó como un signo de la importancia que tiene la misión de atender a quienes se encuentran en los márgenes sociales.

"Es un signo de inclusión, que nadie debe ser visto como extraño", dijo el Arzobispo luego de concelebrar la misa en el nuevo templo con el Nuncio Spiteri.

"(Este templo) es para ustedes, para su servicio espiritual, esperemos estar a la altura de lo que ustedes necesitan".

Cabrera López, quien ha hecho del trabajo en los penales del Estado uno de los ejes diocesanos prioritarios, destacó la rapidez con que fue construido este templo.

Apenas el 12 de enero de este año fue colocada la primera piedra. Los recursos donados por benefactores, las facilidades otorgadas por las autoridades penitenciarias y el trabajo de los mismos hombres privados de su libertad (PPL) contribuyeron a la velocidad con que se realizó el proyecto.

El Arzobispo también explicó que el nombre de esta parroquia es para recordar cómo dos Santos, San Pedro y San Pablo, enfrentaron persecución, martirio y sufrimiento en cárceles de la antigua Roma, en los primeros años del Cristianismo.

La consagración tuvo lugar en un día de visitas familiares en el Cereso y también significativo, por ser la fiesta de la Señora de la Merced, advocación mariana patrona de las personas cautivas y de las instituciones penitenciarias.

A la misa asistieron benefactores que tuvieron que pasar por rigurosos filtros de seguridad; autoridades del CERESO, y los PPL, quienes uniformados con pants gris y playera blanca participaron de diferentes formas.

Algunos en el coro, otros como danzantes; la mayoría como oyentes y lectores de la misa; y en la llevando y trayendo los aceites, el incienso y las flores para el Altar.

La Arquidiócesis cuenta desde hace algunos años con la Pastoral Penitenciaria, un trabajo de acompañamiento espiritual a internos y sus familias, pero con la parroquia el acercamiento es mayor.

Cerca de 10 mil personas, más sus familiares -toda una comunidad- se encuentran tanto en el Cereso 1 de Apodaca, que con 7 mil personas es el de mayor población, como en el Cereso 2, el de Cadereyta, el de Adolescentes y el Femenil.

El templo, en el que ahora podrán realizarse sacramentos, desde bautismos, hasta bodas, fue construido por las manos de estos hombres PPL, dijo el párroco Padre Óscar Lomelín.

Entre ellos, Eduardo, de 48 años de edad y quien participó con trabajos de albañilería, pintura y soldadura. Su esposa y sus dos hijos viven en Estados Unidos, por lo que no recibe visitas. Lleva en el lugar cuatro años, contó.

"En este templo voy a poder rezar para pedir por mi familia", comentó, "para no sentirme solo, y para, espero, salir pronto".

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