Publicado 31/10/2026 03:18

Descendientes de víctimas de la Guerra Civil y el Franquismo pueden sentir aún duelo y estrés postraumático

Un estudio recomienda incluir la salud mental en las políticas de memoria

Archivo - Fosas en el patio civil del cementerio municipal de Trebujena (Cádiz)
Archivo - Fosas en el patio civil del cementerio municipal de Trebujena (Cádiz) - AYUNTAMIENTO DE TREBUJENA - Archivo

MADRID, 31 Oct. (EUROPA PRESS) -

Los nietos y bisnietos de las víctimas mortales de la Guerra Civil y el Franquismo pueden mostrar aún hoy en día "síntomas de duelo y estrés postraumático". Unos sentimientos que han pasado de generación en generación y que mantienen abierta una herida que obliga a "reconsiderar las políticas de memoria" actuales con más trabajo psicológico y educativo, no solo en los familiares, sino en el conjunto de la sociedad española.

Así se desprende de la investigación publicada por el doctor en Historia e investigador del Departamento de Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid, Francisco J. Leira-Castiñeira, y la doctora en Psicología y profesora de la Universidad Rey Juan Carlos, Raquel Martín, titulada 'Lágrimas del pasado. Superación del proceso de duelo de la Guerra Civil española a través de rituales de paso'.

Para realizar esta investigación, los autores han seguido una "metodología mixta" con entrevistas orales para recoger relatos de vida de los familiares de víctimas de ambos bandos de la Guerra Civil y comprender así qué narrativas se han transmitido de generación en generación. Por otro lado, han realizado tests psicológicos y sociológicos para obtener detalles del contexto y del momento en el que la persona encuestada conoció la muerte de su ser querido.

Según concretan, aproximadamente el 75% de las personas encuestadas son familiares de víctimas del bando republicano y un 25% del franquista. Además, las personas seleccionadas fueron voluntarias pertenecientes a diversas organizaciones con el objetivo de "obtener una muestra amplia sociológicamente".

En una conversación con Europa Press, ambos autores remarcan que si bien los familiares de primer grado viven el trauma con mayor impacto, el duelo se ha transmitido a nietos e incluso bisnietos, que presentan una sintomatología muy similar y en muchos casos aún sienten su duelo como "desautorizado", que impide a la persona poder expresarlo abiertamente.

Lo mismo ha ocurrido con el estrés postraumático que se materializa en recuerdos recurrentes, la sensación de estar continuamente en alerta, la aparición de imágenes no deseadas o los sueños angustiosos. "En familiares de segunda y tercera generación se ha evidenciado que la historia de vida transmitida pasa a formar parte de la identidad de las personas", sintetiza Raquel Martin.

Entre los motivos que recogen los autores para explicar por qué el duelo se ha prolongado a lo largo de varias generaciones se encuentra la imposibilidad de completar el luto mediante 'ritos' sociales durante la Guerra Civil y la dictadura, quedando desplazada esta tarea a las generaciones posteriores. De la investigación se desprende que todavía hoy muchos de ellos insisten en "recuperar los restos de los familiares y ofrecerles una despedida digna".

Asimismo, el profesor de la Carlos III defiende que la memoria es "un proceso circular" que se va "actualizando constantemente" y que se retroalimenta. En su opinión, el proceso de recuperación de memoria que se vivió en la década de los 2000 provocó que los familiares de segundo grado fueran capaces, muchos años después, de comprender qué había pasado y por ello aumentó su estrés postraumático, aunque no hubieran vivido la Guerra Civil o la dictadura.

EL 30% HA REALIZADO 'RITUALES' SIMBÓLICOS SIN TENER EL CUERPO

El análisis de Leira y Martín distingue la afección en los familiares que han podido recuperar los restos de sus familiares y quienes no. En este sentido, subrayan que estos segundos son incapaces de cerrar emocionalmente la herida, y el trauma se manifiesta con pensamientos intrusivos y una hiperactivación al estar atrapados en un proceso de "duelo prolongado" o "desautorizado".

De hecho, el 30% de los encuestados que no había podido localizar el cuerpo sí que habían realizado un 'rito' simbólico de entierro. "Se palia así de alguna forma el estrés postraumático y los niveles de duelo", insiste el doctor en Historia.

Además, los autores señalan también el caso de quienes creen conocer el lugar donde se encuentra su familiar, pero no pueden recuperarlo y sostienen que, para estos, los síntomas se reflejan en estrés, pensamientos intrusivos o hipervigilancia, algo que vinculan con la paradoja de saber dónde está su ser querido, pero no poder hacer nada para recuperarlo. "Ello denota que son acontecimientos no superados ni integrados en la realidad", concreta Martín.

Respecto a los que sí han encontrado el cuerpo y han podido darle sepultura, Leira-Castiñeira sostiene que el duelo "no se palía del todo" porque precisan de un "acompañamiento psicológico" posterior, que en la mayoría de los casos no se ha producido.

En este sentido, ambos autores señalan que la falta de reconocimiento institucional y ausencia de espacios adecuados para expresar la pérdida han aumentado el malestar psicológico de los afectados.

INCLUIR LA SALUD MENTAL EN LAS POLÍTICAS DE MEMORIA

Frente a este escenario, Leira y Martín ponen de manifiesto la importancia de reconsiderar las políticas de memoria actuales para incluir la salud mental de los afectados y una vertiente educativa que dé significado a lo sucedido. Así, Leira recuerda que una de las frases recurrentes en los tests es: "¿Y por qué esto le ha pasado a mí familiar?".

"El duelo es mucho más grave dentro de los familiares de víctimas de contextos traumáticos, como fue también la dana de Valencia, el COVID o el terrorismo", incide el historiador. Sobre esto, insiste en que no solo habría que hacer pedagogía con los familiares de víctimas, sino también a nivel colectivo "para que el pasado deje ser un campo de una batalla y sea algo en lo que construir una democracia".

LAS VÍCTIMAS SIENTEN QUE PODRÍA HACERSE MÁS

En total, según datos del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, en España hay 6.011 fosas comunes, de las que 2.427 aún no se han exhumado, un 40 por ciento. Exhumadas totalmente hay 926, mientras que si se añaden las que se han exhumado parcialmente y/o se han dignificado la cifra aumenta hasta las 1.683.

Estos números, atendiendo a la investigación, se traducen en un sentimiento de que se podría hacer más. "Mucha gente que recuperó los cuerpos admite que fue gracias a la Secretaría de Estado de Memoria Democrática. Pero también el 75 % de las personas entrevistadas dice que habría que hacer algo más", defiende Leira-Castiñeira.

En opinión de Raquel Martín aún queda "mucho trabajo colectivo" y la sociedad todavía tiene que aprender a dar un significado a la Guerra. "En los episodios traumáticos es muy importante el significado que le da la sociedad y en este caso no hay un significado claro, sino que la gente sigue haciendo batallas entre bandos y tristemente se siguen identificando con un lado u otro", explica.

Por ello, la psicóloga remarca que es necesaria más "atención personalizada" a los descendientes de las víctimas y que las instituciones se vuelquen con ellas, "estando al servicio de cada una" porque actualmente, "a la gente no le llega el apoyo".

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