Archivo - Pies de una persona ciega cruzando un paso peatonal . - EDU BORJA/ ISTOCK - Archivo
MONTERREY 10 Abr. (Dalia Elena Gutiérrez Gutiérrez. AGENCIA REFORMA) -
Cuando Delfino Ojeda era estudiante universitario, hace más de 20 años, le tocó ser de los primeros usuarios de un nuevo espacio de la UANL, inaugurado en 2002 para apoyar a jóvenes con discapacidad visual a continuar sus estudios.
En aquel entonces, recuerda el hombre, eran apenas un par de alumnos ciegos en las facultades de la universidad quienes hacían uso del lugar, ubicado en la Capilla Alfonsina de la Máxima Casa de Estudios estatal.
"Me tocó venir aquí a la sala como usuario", relata Delfino, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. "Llamaba por teléfono y le decía a la persona encargada qué material necesitaba. Me apoyaban a convertirlo al Braille".
El espacio se llamó primero "Centro de Invidentes y Débiles Visuales de la UANL" y atendía principalmente a estudiantes universitarios.
Hoy se le conoce como Sala Tiflotécnica y apoya a niños, jóvenes y adultos con discapacidad visual que buscan capacitarse en tecnologías que les ayuden a seguir adelante con su vida académica y profesional.
Tras haber sido de los primeros beneficiados, Delfino es desde 2015 coordinador vespertino del lugar.
"Sigue habiendo obstáculos", apunta el comunicólogo, "como no contar con un personal capacitado, con equipo o con material adaptado. Entonces, muchas veces la educación se ve truncada desde un inicio".
El nombre de la sala hace referencia a la tiflotecnología, que es el conjunto de herramientas tecnológicas diseñadas para facilitar autonomía, educación, empleo y acceso a la información de personas con ceguera o deficiencia visual grave.
Quienes acuden pueden acceder a cursos de computación, con los que aprenden a usar herramientas como lectores parlantes, softwares que traducen textos, sistemas de reconocimiento óptico de texto y digitalización de documentos.
La sala también está equipada con herramientas que permiten convertir un libro de escolar o un texto literario a un formato digital en PDF, y después pasarlo a una tableta electrónica o celular, para después leerlo con lectores de pantalla.
"Llegan adolescentes que traen otro chip", cuenta Delfino.
"Yo hablo del Braille y ellos dicen: 'enséñame a usar una computadora".
Ha habido personas que empezaron a ir desde educación básica y continuaron hasta culminar sus estudios profesionales o de posgrado. Han llegado a atender hasta 3 mil estudiantes por año.
También trabajan de cerca con prepas para capacitar a profesores en inclusión educativa.
Actualmente hay 2 mil 286 estudiantes con discapacidad visual en la UANL (2025).
La sala está abierta sin costo a cualquier persona.
AL MISMO RITMO
Fátima Vallejo se siente afortunada porque, a diferencia de otras personas con discapacidad visual, a ella no le ha tocado enfrentar grandes obstáculos sociales o exclusión en el sistema educativo.
La joven de 16 años cuenta que siempre tuvo acceso a libros en Braille durante la primaria y secundaria, por lo que no tuvo problemas, y en la Sala Tiflotécnica le ayudan a digitalizar los materiales de la preparatoria.
"He estado aprendiendo como todos, al mismo ritmo", señala Fátima, quien contempla estudiar psicología.
El uso de Braille es complicado porque muchos maestros no están capacitados en este sistema, menciona.
La joven es usuaria de la biblioteca desde que tenía 10, cuando se acercó para aprender computación. Ahora asiste al inicio de cada semestre para digitalizar sus libros.
"Siento que las herramientas que he necesitado han estado ahí", dice Fátima, estudiante de la Prepa 1 de la UANL.
El estar al mismo nivel que otros es precisamente lo que le ha permitido enfocarse en otras cosas, cuenta la joven.
Ella también es deportista y se ha colgado varias medallas de oro en competencias nacionales de paraciclismo.
Está consciente de que su historia es un ejemplo de cómo debería ser la vida de todas las personas con discapacidad.
"Hay suficientes casos de personas que han podido hacerlo y sin tantas limitaciones", indica, "como para que todavía te sigan viendo como que no puedes hacer muchas cosas".
A LA PAR DE TODOS
Mauricio Escobar llegó a la sala en busca de libros en Braille para leer, pero encontró algo mejor: la computadora.
Antes de acercarse a este espacio, el chico de 12 años había intentado explorar un poco la tecnología, pero no pasaba de mover algunos botones del teclado.
Cuando le enseñaron todo lo que podía realizar, se apasionó.
"De volada le fui agarrando la onda y el gusto a la computación", cuenta Mauricio, habitante de Zuazua.
Llegó a la biblioteca cuando tenía 10 y aún era estudiante de primaria, etapa en la que se topó con ciertas dificultades para estudiar por falta de capacitación e interés de parte de algunos maestros.
En esa época tenía que cargar con su máquina Perkins para hacer trabajos en Braille, lo que no eran tan práctico.
Con los cursos de computación que ha tomado, ha aprendido herramientas que le permiten estudiar con mayor rapidez.
"Siento que ahora estoy yendo a la par con todos", sonríe Mauricio, estudiante de la Secundaria No. 116 Enrique Quiroga Ruiz.
Mauricio es alumno sobresaliente. Ha obtenido calificaciones que le otorgan los primeros lugares en la escuela.
A la biblioteca acude desde Zuazua una vez por semana. El chico desea hacerse de más herramientas para sus estudios.
Le encanta la tecnología y probablemente estudiará en el futuro una ingeniería en sistemas.
MÁS INCLUSIÓN
La Sala Tiflotécnica ofrece diversas herramientas para una educación más inclusiva.
Servicios gratuitos