Publicado 25/03/2026 12:01

Infosalus.- Las técnicas de infiltración permiten vivir sin dolor en casos de cefalea y migraña, según una neuróloga

Archivo - Mujer con dolor de cabeza.
Archivo - Mujer con dolor de cabeza. - PHEELINGS MEDIA/ISTOCK - Archivo

MADRID 25 Mar. (EUROPA PRESS) -

La especialista en Neurología y coordinadora de la Unidad de Cefaleas del Hospital Quirónsalud San José, Lucía Vidorreta, ha explicado que, aunque los tratamientos farmacológicos siguen siendo la base para la cefalea y la migraña, en los últimos años han cobrado relevancia técnicas de infiltración mínimamente invasivas que actúan directamente sobre los mecanismos del dolor.

Estas técnicas, precisa, no solo ofrecen alivio sintomático, sino que en muchos casos contribuyen a reducir la frecuencia e intensidad de las crisis, especialmente en pacientes refractarios a tratamiento convencional. Según la experta, su uso adecuado requiere un conocimiento preciso de la anatomía, de la fisiopatología del dolor y de la evidencia científica disponible.

En este punto, ha puesto como ejemplo los bloqueos anestésicos de nervios pericraneales, que consisten en la infiltración de anestésicos locales, en ocasiones combinados con corticoides, sobre nervios implicados en la transmisión del dolor, como el nervio occipital mayor o el supraorbitario.

La especialista indica que estos bloqueos han demostrado utilidad en migraña crónica, tanto en la prevención como en el tratamiento, en la cefalea en racimos, en la cefalea cervicogénica y en las neuralgias de las ramas terminales del nervio trigémino.

"En la cefalea en racimos, por ejemplo, la infiltración con anestésico y corticoide puede proporcionar periodos libres de dolor de varios días o semanas", ha indicado la experta, quien ha añadido que su principal ventaja radica en que son técnicas "rápidas, seguras y repetibles, aunque requieren individualización según el perfil de cada paciente".

Por otra parte, se encuentran las infiltraciones en cefalea tensional y síndrome miofascial. En muchos pacientes, especialmente con cefalea tensional, el origen del dolor está relacionado con puntos gatillo miofasciales en la musculatura cervical y pericraneal. "En estos casos, la punción seca, especialmente cuando se realiza guiada por ecografía, permite identificar con precisión el punto gatillo, reducir la contractura muscular y disminuir la sensibilización periférica", explica Vidorreta.

Este enfoque, asegura, resulta especialmente útil en pacientes con componente cervical o con dolor persistente a pesar del tratamiento farmacológico. El uso de ecografía aporta seguridad y precisión, facilitando la personalización del tratamiento.

Tras ello, la experta ha subrayado que la cefalea en racimos es una de las formas más incapacitantes de dolor craneal; en este contexto, los bloqueos con anestésico local y corticoide, especialmente sobre el nervio occipital, han demostrado ser una herramienta eficaz como tratamiento transitorio o puente.

"El corticoide aporta un efecto antiinflamatorio prolongado, que puede reducir la frecuencia de los ataques y/o acortar los periodos activos de la enfermedad. Aunque la respuesta es variable, muchos pacientes experimentan una mejoría significativa en pocos días", ha manifestado.

OTRAS TÉCNICAS INTERVENCIONISTAS

En casos de pacientes con cefaleas refractarias pueden emplearse técnicas adicionales que actúan modulando la transmisión del dolor a nivel periférico y central: entre ellas, la radiofrecuencia sobre nervios periféricos y el bloqueo del ganglio esfenopalatino (vía transnasal).

"Las técnicas de infiltración han transformado el abordaje de las cefaleas, ofreciendo alternativas eficaces, seguras y personalizadas para pacientes que no responden adecuadamente a los tratamientos convencionales. Permiten actuar directamente sobre los mecanismos del dolor, reduciendo tanto su intensidad como su frecuencia", restalta Vidorreta.

La especialista matiza que su correcta aplicación exige una valoración neurológica exhaustiva y una ejecución técnica precisa. En este contexto, el neurólogo no solo trata el dolor, sino que interviene de forma activa en su modulación, abriendo nuevas vías terapéuticas que mejoran de forma significativa la calidad de vida de los pacientes. En palabras Vidorreta, "se puede vivir sin dolor".

Contador

Contenido patrocinado