Publicado 02/04/2026 12:45

El Papa Leon XIV lava los pies a 12 sacerdotes en la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo

El Papa León XIV lava los pies a sacerdotes de la Diócesis de Roma
El Papa León XIV lava los pies a sacerdotes de la Diócesis de Roma - VATICAN NEWS

MADRID 2 Abr. (EUROPA PRESS) -

El Papa Leon XIV ha retomado este Jueves Santo la tradición de lavar los pies a 11 sacerdotes ordenados el año pasado y a su guía espiritual a pies descubiertos, a diferencia de su predecesor, el Papa Francisco, que tenía la costumbre de realizar este acto a presos o inmigrantes.

La celebración en la basílica constantiniana, asumió un tono de recogimiento y austeridad. Cardenales, obispos y sacerdotes de la Curia Romana y del Vicariato romano y numerosos fieles participaron en la primera Misa in Coena Domini de Robert Prevost como pontífice.

Siguiendo las palabras de su predecesor Francisco, quien aseguraba que lavarse los pies los unos a los otros es un deber que viene del corazón, "que se ama hacer porque el Señor así lo ha enseñado", León XIV explicó que no se trata de un "imperativo abstracto", ni de una orden formal y vacía, sino que expresa "el fervor obediente por la caridad de Cristo".

"Lo que el Señor nos muestra, tomando el agua, la palangana y el delantal, es mucho más que un modelo moral. De hecho, nos entrega su propia forma de vida; lavar los pies es un gesto que resume la revelación de Dios, un signo ejemplar del Verbo hecho carne, su memoria inconfundible", ha afirmado.

Durante la celebración de la misma, el Papa ha pedido postrarse "como hermanos y hermanas de los oprimidos" ante una humanidad abatida "por tantos ejemplos de brutalidad"

"Al lavar nuestra carne, Jesús purifica nuestra alma. En Él, Dios ha dado ejemplo no de cómo se domina, sino de cómo se libera; de cómo se da la vida, no de cómo se destruye. Entonces, ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, postrémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos", ha afirmado.

Al concluir la misa, León XIV llevó el Santísimo Sacramento al lugar de la reposición en la Capilla de San Francisco y tras un breve momento de adoración, se retiró en silencio, tal como los fieles presentes en la basílica.

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